“y habló de la muerte, y se repitió una y otra vez y siempre regresaba a la muerte, como si le dijera al rey de los putos de la colonia Guerrero que sobre el tema de la muerte no tenía ninguna competencia, y en ese momento yo pensé: está haciendo literatura” (Bolaño, 1999, pág. 31)
El mito de José Guadalupe Posada
Latinoamérica vive entre sus lamentos y en el olvido momentáneo de sus malestares; aquel dolor que lo atormenta se logra calmar con el analgésico de la esperanza. América latina es un continente construido desde la muerte; sin embargo, sus habitantes parecen no saberlo o se acostumbraron a olvidarlo. Un muerto más se susurra después de escuchar la noticia en la televisión, donde las masacres valen tanto como la importancia de su espectáculo ¿qué tan perdida está la sociedad que ni sus muertos valen o se convierte en un dolor selectivo?, la respuesta al interrogante tal vez se encuentra en la literatura latinoamericana pues es la muerte misma la que ha ayudado a escribirla.
En palabras de (Villaurrutia, 1953) la muerte es la fuerza impulsadora de la creación, ella quién en su estado original destruye y finaliza bastante profunda esta analogía, si se presenta una parca piadosa capaz de demostrar piedad, manifestando un sentido completo de humanidad en la medida que interviene en el proceso creador del escritor.
“Y me pregunto ahora,/si nadie entró en la pieza contigua,/¿quién cerró cautelosamente la puerta?/¿Qué misteriosa fuerza de gravedad /hizo caer la hoja de papel que estaba en la mesa?/¿Por qué se instala aquí, de pronto, y sin que yo la invite,/la voz de una mujer que habla en la calle? Y al oprimir la pluma,/algo como la sangre late y circula en ella,/y siento que las letras desiguales que escribo ahora,/más pequeñas, más trémulas, más débiles,/ya no son de mi mano solamente”
Quién mejor que la muerte para descender con suerte de espíritu santo para iluminar al escritor en la búsqueda de una propuesta estética para recordarnos el papel de la muerte en nuestra sociedad, esa misma muerte que se instaló aquí sin que nadie la invitara, esa misma que obliga la bienvenida a este mundo de la palabra donde puede ser más humana .
Ahora bien, si se crea la imagen poética de una muerte creadora a la que se le regresa su condición femenina de dadora de vida y símbolo perfecto de belleza, esa misma que alimenta la riqueza erótica de la vida, cuestionando asuntos de la inevitable deshumanización de la muerte al convertirse en una rutina. Es ahí donde la literatura interviene recordándonos la imposibilidad de permitir el efecto de las aguas turbulentas en el lavado de todos nuestros muertos llevándolos con su fuerza a los lugares más recónditos de nuestra conciencia colectiva.
Para sacar del olvido a la muerte tenemos su belleza y para esa belleza tenemos la literatura, como lo advierte Arévalo, “El erotismo tiene relación directa con la vida y es el creador de todas las artes en especial de la literatura, el erotismos es relacionado con la belleza”. Es interesante esa paradoja donde una sociedad marcada por la muerte sea ella misma la quien la inspira; creación y muerte dos conceptos distintos pero inseparables, pues no se puede hablar de vida sin hablar de muerte y de muerte sin hablar de vida, son en sí dos realidades que se necesitan entre ellas para existir; y es esa acción ilógica la gestante de una acción de rebeldía que transgrede la realidad mediante el tratamiento erótico de algo tan traumático como la muerte, para así, desnudarla y encontrarla más humana capaz de hacer fuertes cuestionamientos sobre la alteración en estas tierras del proceso de selección que le compete .
Aunque, el olvido de nuestra historia sea una “amnesia colectiva” una enfermedad que carcome nuestra humanidad y nos hace ser fríos frente a sucesos que escandalizarían a cualquier ser, no podemos renunciar a nuestro sentir. Es imposible concebir al ser humano como una máquina fría carente de sentimientos, deseos y un profundo interés en desenmascarar aquello a lo que no se le ha permitido conocer, la literatura latinoamericana es y será en gran medida una suerte de reescritura del pasado, pues son los que ostentan el poder los que han escrito las páginas más sangrientas de nuestra nación.
Desde los versos de (Villaurrutia, 1953) “En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen” se puede develar la denuncia sobre lo que debe ser la nueva narrativa de América latina una expresión literaria que reconstruya lo que los lugares comunes callan, un silencio gestado por la muerte que le urge ser descifrado, en correspondencia a lo mencionado por (Kovaldoff, 2003, pág. 29) “el silencio como enmascaramiento envoltorio en última instancia desechable de un significado posible. No estamos con él ante lo silencioso sino ante lo silenciado” Lo oculto en el lenguaje puede liberar lo recóndito en la historia.
El ocultamiento del lenguaje corresponde desde la narrativa Latinoamérica a lo posibilidad de nutrir los relatos de silencios, pero no limitado a la imposibilidad de decir algo, sino caso contrario a denunciarlo sin hacer un mención directa desde el uso del lenguaje, se trata entonces de “ un silencio que el poema contribuye a preservar como presencia. Es el silencio que sin duda lo nutre y que, a la vez él mismo alienta y promueve” (Kovaldoff, 2003, pág. 29) aunque en una gran cantidad de obras poéticas omiten la denuncia puntual si da pistas que encierran el universo de compresión de lo que se habla, pero que a su vez permite la resignificación de las múltiples interpretaciones de quien lo lea.
Para Latinoamérica una región impregnada de muerte como se menciona anteriormente, no le queda otro camino que reconfortarse en el cuestionamiento del pasado para aceptarse y mediante un proceso de catarsis pensarse como un continente con un futuro por construir, al sanar el alma de este nuevo mundo de los recuerdos que atormentan la reconstrucción de una nueva historia que repele cualquier intento de justificar la muerte por un proyecto de nación que empaña los libros de grandes hazañas para ocultar la sangre derramada sin justificación alguna; es así, que existe una gran responsabilidad de la literatura en el devenir de la región; en la medida que sus expresiones artísticas deben sobreponerse al espíritu de muerte y aportar a la creación de un proyecto de sociedad .
Luego de hacer algunas consideraciones respecto a la narrativa Latinoamérica se centrará el análisis en la reflexión de la novela Amuleto de Roberto Bolaños en relación con la presencia de la muerte como eje conductor de la trama.
La muerte en Latinoamérica ha perdido toda la autoridad sobre las vidas, pues su puesto ha sido usurpado por agentes distintos quienes se creen poseedores del derecho de forzar tan noble acto como el de morir; un proceso natural afectado por la interminables olas de violencia ha obligado a la muerte a esperar que alguien más haga su trabajo y así poder actuar, una muerte a punto de perder su empleo pues las muertes causadas superan en números a las muertes que deberían ser; una muerte que se aterra de ver a otras muertes, en su condición frágil se espanta al ver su propia sombra. Como se evidencia en el siguiente fragmento (Bolaño, 1999)
“Arturito dijo que se había preocupado por mí en aquel tugurio de La Villa (ergo fue en La Villa), y entonces yo le pregunté por qué y él dijo que porque había visto, él también, angelito mío, la sombra que iba tras mi sombra, y yo muy suelta de cuerpo lo miré, me llevé una mano a la boca y le dije: era la sombra de la muerte” (p 23)
La acción de llevar la mano a la boca permite un resignificación al ocultamiento del rostro,¿ por qué ocultar la cara? No será una supresión de la imagen del rosto intencionada para decir que no reconoce lo que ve y es la presencia de una muerte desfigurada por el peso de los hechos históricos causados de forma cruel y salvaje en esta región lo que genera la sorpresa; la muerte no puede ser muerte si ni ella misma se puede mirar a un espejo por temor a no encontrarse como lo sugiere en algún acápite de su libro Bolaño.
Cabe retomar la aseveración de la importancia de la muerte en la construcción de Latinoamérica, pues el mismo (Bolaño, 1999) lo afirma cuando dice “ la muerte es el báculo de Latinoamérica y Latinoamérica no puede caminar sin su báculo” el báculo como instrumento de apoyo para caminar se relaciona de forma directa con el funcionamiento interno de Sur América donde la muerte es esencial para la vida , la organización social, la injusticia y hasta para la literatura, la muerte que crea y destruye, tan lógica e ilógica a la vez , esa es la muerte latina algo extraña y difícil de controlar, pero a su vez, define lo que somos.
Desde la narrativa de amuleto se pretende gestar una relación de la muerte con los libros y en especial con los libros de literatura y no es solo desde Bolaño se hace referencia directa a esa posible relación desde los siguientes versos de (Villaurrutia, 1953)
”Si la muerte hubiera venido aquí, conmigo, a New Haven, escondida en un hueco de mi ropa en la maleta, en el bolsillo de uno de mis trajes, entre las páginas de un libro como la señal que ya no me recuerda nada.”
A qué se debe esa relación, se podría decir que la muerte intranquiliza y los libros en especial los de literatura ponen en vilo todo lo que está establecido, entonces al unirse crean grietas necesarias para una reorganización del mundo. Dos armas iguales de poderosas con capacidades inimaginables tanto para fundar o devastar una sociedad.
Se podría seguir buscando múltiples relaciones entre la literatura latinoamericana con la muerte, pero se llegaría a un mismo punto, la literatura necesita de la muerte tanto como la muerte de la vida, es una tridente necesario para el surgimiento de la belleza más profunda y diciente de la humanidad, para placer de muchos lectores se encuentra en belleza de la palabra expresada en la poesía.
Bibliografía
Bolaño, R. (1999). Amuleto. Barcelona: Anagrama.
Kovaldoff, S. (2003). El silencio primordial . Argentina : Emecé editores.
Villaurrutia, X. (1953). Nostalgia de la muerte . México : Letras Mexicanas .
POR: Pedro Yohandris Giraldo Sánchez